Hace poco me topé con un término que no paraba de aparecer por todos lados: vibe coding. Al principio sonaba a una de esas modas pasajeras de internet, pero entre más leía, más me daba cuenta de que apuntaba a algo más grande. Así que decidí escarbar un poco, entender de dónde venía y por qué tanta gente hablaba de ello. Aquí te lo cuento.
¿De dónde salió el término?
El término lo acuñó Andrej Karpathy el 2 de febrero de 2025, en un simple tuit. Y no es cualquier persona: Karpathy fue cofundador de OpenAI y dirigió el área de inteligencia artificial en Tesla, así que sabe perfectamente lo que es escribir código de verdad.
Su frase original, que se volvió famosa, decía algo así como que existe una nueva forma de programar donde “te entregas por completo a las vibras, abrazas las exponenciales y olvidas que el código siquiera existe”. El tuit explotó: más de 4.5 millones de vistas en cuestión de días, y de ahí saltó a medios como The New York Times, Ars Technica y The Guardian.
Lo curioso es que el propio Karpathy comentó después que escribió aquello casi sin pensarlo, como una “lluvia de ideas”, sin imaginar lo lejos que llegaría.
¿Y qué es exactamente?
La idea es sencilla: en lugar de escribir cada línea de código a mano, le describes a una IA lo que quieres en lenguaje natural —en español o inglés, como si le hablaras a un compañero— y ella genera el código por ti. Tu rol cambia. Ya no eres quien teclea cada instrucción, sino quien guía, prueba y refina lo que la máquina propone.
Como lo resumió Collins: programar por vibras, no por variables.
En la práctica esto significa pedir lo que quieres, aceptar los cambios que la IA sugiere, y cuando algo falla, copiar y pegar el mensaje de error para que ella misma lo arregle. Herramientas como Cursor o Claude Code se volvieron las protagonistas de este estilo de trabajo.
Aquí va un matiz importante que mucha gente pasa por alto: Karpathy lo planteó originalmente para proyectos de fin de semana, prototipos, cosas desechables. No para construir sistemas críticos a ciegas. Esa distinción se perdió un poco en el camino.
El dato al día: palabra del año
Lo que más me sorprendió fue darme cuenta de qué tan en serio se tomó esto. El 6 de noviembre de 2025, el Diccionario Collins nombró “vibe coding” la Palabra del Año. Ni más ni menos. Le ganó a otros términos curiosos como clanker (una forma despectiva de referirse a la IA) o broligarchy.
Y antes de eso, ya en marzo de 2025, Merriam-Webster lo había incluido como término de “jerga y tendencia”. O sea, en cuestión de meses pasó de un tuit a estar en los diccionarios.
Para dimensionar el impacto: en una camada reciente de la aceleradora Y Combinator, una cuarta parte de los fundadores dijo que más del 95% de su código fue generado por IA. Hace un año habrían construido sus productos desde cero. Hoy lo hacen dejándose llevar.
Lo bueno y lo que pone nervioso
No todo es entusiasmo, y me parece sano mencionarlo. Quienes lo defienden dicen que abre la puerta a que cualquiera —incluso sin años de formación— pueda crear software. Es democratizar el código.
Pero hay quienes lo ven con recelo. La crítica más común es que aceptar código que no entiendes puede generar software frágil, difícil de mantener o inseguro. Una frase que leí lo describe muy bien: aceptar código que no comprendes es como manejar con los ojos cerrados; funciona hasta que deja de funcionar, y de golpe.
Yo me quedo en un punto medio, que conecta con algo que ya he escrito antes sobre aprender: la IA puede afilarte el hacha y acelerar el proceso, pero entender lo que tienes enfrente sigue siendo tu responsabilidad.
¿Hacia dónde va esto?
A finales de 2025, Karpathy escribió una reflexión sobre el año y volvió sobre su propio término. Describió este nuevo tipo de código como “libre, efímero, maleable, desechable después de un solo uso”. Y lanzó una predicción que se me quedó grabada: el vibe coding va a transformar el software y cambiar la descripción de muchos trabajos.
No sé si tiene toda la razón. Pero después de leer tanto sobre el tema, sí tengo claro algo: vale la pena no ignorarlo. No para entregarnos ciegamente a las vibras, sino para entender la herramienta, probarla y quedarnos con lo mejor de ella.
Seguiré explorando estas herramientas y contándote lo que encuentre. Mira este espacio para más por venir.
Gracias por leer.